John Rambo (2008)

Crítica y posters de John Rambo
Antes de comenzar con el visionado de esta cuarta entrega de Rambo, ya sabía que sólo él podía resucitar en los tiempos modernos el cine de acción como se entendía en los ochenta. Extraído de la novela ‘First Blood‘ de David Morrel, Silverster Stallone y su personaje de Rambo, han fascinado a media docena de generaciones gracias a su envolvente y anti-heróica visión para enfrentarse a los problemas.

La biografía del personaje describe el desorden psicológico y las visicitudes como civil de un galardonado ex-veterano de Vietnam. Siempre en el punto de mira, en las tres primeras películas que conforman la saga, Rambo tenía que resolver sus problemas de forma más o menos inconcebible, haciendo uso de la astucia y experiencia militar para sobrevivir o lograr sus objetivos. El desarrollo de los actos siempre estuvo ceñido a elevadas cotas de dureza; en el caso de ‘Rambo: Acorralado‘, nos encontramos con un carácter tan profundo, y una actitud tan marcada, que es dificil resistirse a la imparable maquinaria de supervivencia desplegada por Stallone.

Arriesgando siempre con su perfil dañado por el rechazo, y sometido a las peores pruebas de resistencia física y mental, Rambo se nos volvia una figura admirable hasta el punto de justificar practicamente la total crueldad de sus actos. Y en esta nueva entrega, veinte años después de la bronca que tuvo John con los soviéticos, Stallone recupera el magnetismo de su boina verde en un apartado paisaje Tailandés, bajo una voluntad apática y descuidada. Es entonces cuando un grupo de misioneros católicos solicita su ayuda para llevar socorro a un poblado birmano.

Tras un simbólico tira y afloja, Jhon se rinde a la virginidad de Sarah (Julie Benz) para transportar a la desvalida cuadrilla a las tierras hostiles. Hasta aquí, que obviamente ya sabemos todos lo que va a pasar, Stallone como director se encarga de exhibir la infinita maldad que pueden alcanzar los comandos Birmanos, lo que repercute en la auto-inflexión de un deseo latente por que Rambo les infle las narices a todos de la forma más retorcida y salvaje posible.

Y vaya si les zumba la pandereta, acompañado de un arrogante grupo de mercenarios y haciendo gala de una brutalidad pocas veces vista, Rambo se desplaza al poblado donde los comandos hicieron prisioneros a la excursión católica, destruyendo literalmente todo lo que se le pone por delante.
Todos los que crecimos con Rambo tenemos ante nosotros la culminación que se merece este mítico soldado. Totalmente desamparada argumentalmente y con unos diálogos que rozan lo roñoso, Rambo/Sly hace lo que todos esperamos y resucita la violencia gratuita por todo lo alto.

~ por Mike en marzo 8, 2008.

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